domingo, 25 de noviembre de 2012

Alcohol

Huye a través de tu mente. Si no puedes cambiar el mundo, destroza tu percepción. Ríe lo que llorarás mañana. No importa. Esta noche tú eres la estrella del desfile de los huecos interiores. Desinfecta los desgarros de tu infancia con un alcohol que quemará las heridas. Disuelvo la niebla de mi mente. Libero quien no soy y vive por mi. Habla como yo y recorre las mismas calles diluido en desvergüenza. Mi única labor es arrastrarme al bar y rendirme a la noche una vez más.

martes, 20 de noviembre de 2012

Paradise lost

Por simplificación, tradición, o sesgo, crecí bajo la luz de ideas platónicas. Justicia, respeto, orden, respuestas inmutables y eternas. Cuando la razón se liberó de la caverna, surge Prometeo victorioso y se eleva al rostro de Dios para preguntarle: ¿Dónde está tu justicia?. Su orgullo arrolla años de meticulosa construcción, débiles cimientos de felicidad. Nublado en su ira, solo miró hacia atrás cuando todo había sido destruido dejando un campo yermo, infértil. ¿De qué sirven la nobleza, la sensibilidad, la pureza en un mundo donde lo inocente es arrastrado y devorado?. El tiempo deja de ser empujado para revelarse como Aúriga. ¿De qué sirve empezar el camino antes marcado, cuando tantas generaciones lo siguieron hasta la ceniza?.

Prometeo cae en su desesperación, y es condenado a un martirio eterno. Encuentra su único consuelo y su mayor desgracia en la pureza del mundo. Pero algo sucede el fondo. La razón es despojada de su trono que rige un mundo gris, vacío y cierto. Todos se revelan condenados por las mismas fuerzas, por las mismas mentiras. Devorados por instintos, por una sociedad ciega. La ética no surge ya de un reflejo venido desde las esferas más altas, sino que nace de lo más hondo y pútrido de la naturaleza humana, de la compasión y la piedad. Ya hemos sido juzgados y condenados en ausencia. ¿Por qué añadir más tormento?


sábado, 10 de noviembre de 2012

A Cristina Arce


Cerraste al fin los ojos para poder escapar.

La noche reveló sus fauces ensangrentadas.
El amanecer diamantó capas de plata.
La realidad se alzó terrible y colosal.

La red esconde fragmentos de tu vida
salvados de tu espejo roto,
afilados y dulces como la melancolía.

La única mano tendida ante ti aquella noche
me anunció que solo conocería de ti tu ausencia,
un último fulgor a través del tiempo y la nada.