miércoles, 15 de febrero de 2012

La verdad y Kepler



"¿Cuando permanecía en el polvo,
 te pedí acaso ¡oh, Creador!, 
que me transformaras en hombre?
¿Te solicité que me sacaras de las tinieblas...?"
John Milton, El paraíso perdido


Nacemos para contemplar nuestra debilidad, y observar impotentes nuestra vuelta a la oscuridad... Somos arrojados a este mundo de manera extraña, con unos orígenes inciertos, luces atrapadas en la niebla que solo son capaces de alumbrar su propia mortalidad. ¿Qué es lo natural? ¿Qué es lo divino? ¿Qué es la historia? Intentos de convertir un lugar hostil en un hogar predecible... ¿Rebelarme o creer? ¿Qué recompensa hay en la verdad? Sólo muerte y desesperanza. Con razón se rodearon los pueblos de nieblas para no observar el terrible vacío de alrededor. El mero recuerdo de esas nieblas ya disipadas nos induce a creer que, de tantas historias, alguna habrá cierta... pero en ese terrible latido del corazón, en su antiguo encogimiento, y la reducción de la lente mental a lo único seguro en el universo está mi inevitable respuesta... la nada.

lunes, 6 de febrero de 2012

El mito de Er

¿Por qué lo hago? ¿Y por qué ante desconocidos, y no ante quién tiene la respuesta? Tengo miedo de olvidar más. La herida cerró hace algún tiempo, pero sus efectos son infinitos. ¿Cómo separar sus consecuencias de lo que habría sido, cuando marcó los cimientos de mi desarrollo?. Supongo que porque aún tengo reminiscencias, y debo explicármelas a mi mismo ahora y mañana.

Sucedió simple y sencillamente, envuelto en detalles vacíos convertidos en leyendas, como todo evento de la infancia. Los hechos caminan entre la realidad y el sueño. Su recuerdo es esquivo e intoxicado por años de mitificación y una percepción infantil. ¿Por qué su mirada me persigue, en un constante juicio sin juez?. La sombra de su ejemplo es alargada e imposible de imitar, imposible de pretender. Pinceladas discontinuas hechas con frases e imágenes.

¿Por qué temo el juicio de quien no conozco? ¿Era realmente tan virtuoso...?. Al menos lo fue lo suficiente como para ser un Dios a ojos de un niño, y sustituir al Sol platónico en mi conciencia. Pero no dejó una herencia igual de importante: el ejemplo de la imperfección,  la flexibilidad, el perdón y la comprensión de uno mismo. Su huella no es la de un ser humano, construido a través de errores.

¿Quién era realmente? Sólo atisbo la superficie difuminada, emitiendo una pureza que daña los ojos.

viernes, 3 de febrero de 2012

Quentin Compson

El reloj avanza, fiero y silencioso,
vacío de misericordia o crueldad.
Devuelve pasadas imágenes moribundas
enterradas en un maravilloso mausoleo.

Fascinante resulta el cementerio vital,
más bello cuanto más muerto:
dioses que reposan con el rostro
de su misterioso hijo profano.

Si alargo la mano para encontrar tu cuerpo,
sólo encuentro tu futuro recuerdo.
Siento brotar las raíces de la nostalgia,
y a ella sacrifico mi presente.

Te beso, y sé que no eres mía:
no lo serás hasta que sea otra lápida,
y reviva llorándola, siendo ya otro,
el instante en que creí poder salvarnos.