lunes, 6 de febrero de 2012

El mito de Er

¿Por qué lo hago? ¿Y por qué ante desconocidos, y no ante quién tiene la respuesta? Tengo miedo de olvidar más. La herida cerró hace algún tiempo, pero sus efectos son infinitos. ¿Cómo separar sus consecuencias de lo que habría sido, cuando marcó los cimientos de mi desarrollo?. Supongo que porque aún tengo reminiscencias, y debo explicármelas a mi mismo ahora y mañana.

Sucedió simple y sencillamente, envuelto en detalles vacíos convertidos en leyendas, como todo evento de la infancia. Los hechos caminan entre la realidad y el sueño. Su recuerdo es esquivo e intoxicado por años de mitificación y una percepción infantil. ¿Por qué su mirada me persigue, en un constante juicio sin juez?. La sombra de su ejemplo es alargada e imposible de imitar, imposible de pretender. Pinceladas discontinuas hechas con frases e imágenes.

¿Por qué temo el juicio de quien no conozco? ¿Era realmente tan virtuoso...?. Al menos lo fue lo suficiente como para ser un Dios a ojos de un niño, y sustituir al Sol platónico en mi conciencia. Pero no dejó una herencia igual de importante: el ejemplo de la imperfección,  la flexibilidad, el perdón y la comprensión de uno mismo. Su huella no es la de un ser humano, construido a través de errores.

¿Quién era realmente? Sólo atisbo la superficie difuminada, emitiendo una pureza que daña los ojos.

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