Sucedió simple y sencillamente, envuelto en detalles vacíos convertidos en leyendas, como todo evento de la infancia. Los hechos caminan entre la realidad y el sueño. Su recuerdo es esquivo e intoxicado por años de mitificación y una percepción infantil. ¿Por qué su mirada me persigue, en un constante juicio sin juez?. La sombra de su ejemplo es alargada e imposible de imitar, imposible de pretender. Pinceladas discontinuas hechas con frases e imágenes.
¿Por qué temo el juicio de quien no conozco? ¿Era realmente tan virtuoso...?. Al menos lo fue lo suficiente como para ser un Dios a ojos de un niño, y sustituir al Sol platónico en mi conciencia. Pero no dejó una herencia igual de importante: el ejemplo de la imperfección, la flexibilidad, el perdón y la comprensión de uno mismo. Su huella no es la de un ser humano, construido a través de errores.
¿Quién era realmente? Sólo atisbo la superficie difuminada, emitiendo una pureza que daña los ojos.
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