Te acercas despacio,
vacilante e imperceptible,
envuelta en niebla densa.
Susurras tu interior, en voz
suave como el silencio.
Dices no comprender la poesía;
pero eres sencilla respuesta
a agitación romántica,
e interrogante cinismo.
Ya resuelto el oscuro acertijo,
lo muestras sin piedad
para espantar la ingenuidad,
exiliada de tu vida.
Descúbre tu alma, fácil y dolorosa:
el pasado sólo es tierra muerta,
donde brotó tu delicada belleza.
Esos ojos nocturnos,
sonrisa escurridiza
y dureza herida,
son ya el aroma dulce
que impregna mis recuerdos,
olvidados de melancolía.
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