lunes, 8 de octubre de 2012

A George Mallory

A George Mallory, que soñó con la cima del mundo y ahora duerme en ella


¿Encontraste en la cima del mundo la eternidad,
caprichosa sirena que desde allí te llamaba?

Yo te lo diré: era sólo un rayo de Luna
que acariciaba tus dedos, y huía,
gloria afónica que ya sólo susurra
recuerdos en cadáveres que te querían.

La eternidad se rió de tu ambición:
Allí arriba te hallaron, moderno don Quijote,
cosmonauta de sueños enterrados en nieve,
perenne tu piel de marfil azulado.

¿Valió la pena apagar tu intenso resplandor de vida
por tu imponente mausoleo de roca, hielo y nada?



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