sábado, 6 de octubre de 2012

El instante

A ella, la que ya no es pero llevaba su nombre.


Cayó mi voz prisionera entre dos miradas:
tu fuego verde, estrellas de esmeralda,
y un ser deslumbrado que no se reconocía.
Mi alma toda se condensó en pupilas,
por dos lanzas verdes atravesadas.


No me dolió verte con él. Sé que ya no existes.
Nunca. Paseaste por mi corazón yermo
mientras tras tus pasos florecía.


Vaciló por un instante la ley inexorable
y rugió de nuevo un torrente ya desembocado.
Me vi vistiendo un yo que no existía.


Me dolió: no pudieron los años desterrar
un ser que a ti se debe, reflejo difuso
de tu verdor sobre mi pupila,
que brilla efímero, y muere,
aferrado a la estela de tu recuerdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario