La muerte aún mantiene su inmemorial feudo en la noche.
Hoy encontré borradores de cartas de mi abuelo a Pepito, su amigo que vive en Montpellier. Recordé que hace años me explicó que la última vez que vino no le trató del todo bien por causas externas, y que planeaba visitarle o escribirle para disculparse. El alzheimer borró sus planes, y probablemente ese desencuentro será el último cruce de sus vidas.
Esta noche, antes de dormir, di vueltas a esto último, y se me cruzó la idea de que en el fondo daba igual, porque ambos eran muy mayores y no tardarían en morir. Si es que él no estaba muerto ya. ¿Qué importaría el último encuentro entonces?
Al momento atisbé las implicaciones de este horrible pensamiento. Y volvió el ancestral proceso: pavor, terror, indignación, resignación.
Entre los papeles de mi abuelo, fechas. Muchas fechas. Nombres de amigos, acompañados de su mote correspondiente, y su fecha de nacimiento y defunción, y la edad que alcanzaron. Ricardín, Saturnina, Pilar... Pero qué importa. Sus amigos murieron, y el que queda, está escindido.
No importa, el viernes me emborracharé, y la semana que viene será un recuerdo indiferente. Y continuará el letargo. Hasta que empiece a anotar fechas y motes.

Hermoso poema.
ResponderEliminarCanto
ResponderEliminarel tiempo tiene miedo
el miedo tiene tiempo
el miedo
... pasea por mi sangre
arranca mis mejores frutos
devasta mi lastimosa muralla
destrucción de destrucciones
sólo destrucción
y miedo
mucho miedo
miedo.
Alejandra Pizarnik
Me ha encantado el poema... ojalá pudiera decir tanto con tan poco
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