martes, 18 de diciembre de 2012

Emboscada a medianoche

La muerte aún mantiene su inmemorial feudo en la noche.

Hoy encontré borradores de cartas de mi abuelo a Pepito, su amigo que vive en Montpellier. Recordé que hace años me explicó que la última vez que vino no le trató del todo bien por causas externas, y que planeaba visitarle o escribirle para disculparse. El alzheimer borró sus planes, y probablemente ese desencuentro será el último cruce de sus vidas.

Esta noche, antes de dormir, di vueltas a esto último, y se me cruzó la idea de que en el fondo daba igual, porque ambos eran muy mayores y no tardarían en morir. Si es que él no estaba muerto ya. ¿Qué importaría el último encuentro entonces?

Al momento atisbé las implicaciones de este horrible pensamiento. Y volvió el ancestral proceso: pavor, terror, indignación, resignación.

Entre los papeles de mi abuelo, fechas. Muchas fechas. Nombres de amigos, acompañados de su mote correspondiente, y su fecha de nacimiento y defunción, y la edad que alcanzaron. Ricardín, Saturnina, Pilar... Pero qué importa. Sus amigos murieron, y el que queda, está escindido.

No importa, el viernes me emborracharé, y la semana que viene será un recuerdo indiferente. Y continuará el letargo. Hasta que empiece a anotar fechas y motes.



3 comentarios:

  1. Canto

    el tiempo tiene miedo
    el miedo tiene tiempo
    el miedo

    ... pasea por mi sangre
    arranca mis mejores frutos
    devasta mi lastimosa muralla

    destrucción de destrucciones
    sólo destrucción

    y miedo
    mucho miedo
    miedo.

    Alejandra Pizarnik

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me ha encantado el poema... ojalá pudiera decir tanto con tan poco

      Eliminar