Ya de mi vieja ventana
comienza a ocultarse el Sol.
El viento eleva su sinfonía,
invocando una noche ancestral.
Parecen doblar campanas antiguas
por una época que no volverá.
Lloran al anochecer
por los recuerdos olvidados
de quienes ya han muerto.
Viejos lugares huérfanos
exhalan atónitos, llamando
a aquellos que los amaron.
Nostálgicos por esa noche
en que los dieron alma y sentido,
con un baile, lágrimas,
o un susurro de amor al oído.
Allí nosotros, los que esperamos,
podremos aún sentirlos,
entre musgo, piedra, papel y río.
entre musgo, piedra, papel y río.
No en epitafios pretenciosos
y sepulcros que están vacíos.

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